
Una tarde a las tres y cuatro minutos de la tarde vendrás a reirte de los tiempos y a decir que siempre has estado y será así. Me reiré con la emoción de haberme tirado a una pileta vacía y encontrarla llena. Sólo tu lo sabrás, todo lo que ocurrirá ya lo sabrás y no nos contaremos nada. Llenaremos el tiempo como siempre, sabiendo, sin ninguna explicación. Sabiendo. Callando. Simulando estupidez en la retaguardia al sentido común. El sinsentido nos explicará todo y sabremos. Sabiduria de una filosofía invertida. Vanguardia idiota.
Y si todo cambia habrá otro calor para calentar el agua del mate que comparten los anormales unidos en el dolor que no soportan mirarse y el genio que no logran aguantarse. Y cambiará, siempre cambia. Con los engranajes arrolladores de la vida, tan inmensos como las ganas de vivir y saber; tan inmensos, entonces, que por momentos arrastran, casi aplastan.
Pero nunca será aplastante la soledad, tan solo será una tregua cobijada en la distancia.
Cada uno sigue viaje por separado, porque dos buscan mejor que uno y uno rinde por dos. En el viaje juntamos flores, que llenan la pileta en la que nos echamos, juntos o por separado, a callar, a saber sin decir, a decir sin saber, y entender, y ver y compartir.
En esa pileta nunca estas solo, aunque no esté yo. Están las flores que volcamos los dos. Que no estarían si no fuéramos dos. En cada pétalo la esencia del otro. Y aunque seamos uno, aunque seamos uno y nadie entienda. Tenemos que ser dos.
Y una tarde a las tres y cuatro minutos de la tarde vendrás a reírte de los tiempos y a decir que siempre has estado y será así. Y la emoción de confirmar de nuevo que rendimos por dos inundará la pileta y el humor calentará el mate y la idiotez explicara. Y seremos Dios y seremos Satán. Pero seremos más, concepto vivo: Vanguardia idiota.
Y si todo cambia habrá otro calor para calentar el agua del mate que comparten los anormales unidos en el dolor que no soportan mirarse y el genio que no logran aguantarse. Y cambiará, siempre cambia. Con los engranajes arrolladores de la vida, tan inmensos como las ganas de vivir y saber; tan inmensos, entonces, que por momentos arrastran, casi aplastan.
Pero nunca será aplastante la soledad, tan solo será una tregua cobijada en la distancia.
Cada uno sigue viaje por separado, porque dos buscan mejor que uno y uno rinde por dos. En el viaje juntamos flores, que llenan la pileta en la que nos echamos, juntos o por separado, a callar, a saber sin decir, a decir sin saber, y entender, y ver y compartir.
En esa pileta nunca estas solo, aunque no esté yo. Están las flores que volcamos los dos. Que no estarían si no fuéramos dos. En cada pétalo la esencia del otro. Y aunque seamos uno, aunque seamos uno y nadie entienda. Tenemos que ser dos.
Y una tarde a las tres y cuatro minutos de la tarde vendrás a reírte de los tiempos y a decir que siempre has estado y será así. Y la emoción de confirmar de nuevo que rendimos por dos inundará la pileta y el humor calentará el mate y la idiotez explicara. Y seremos Dios y seremos Satán. Pero seremos más, concepto vivo: Vanguardia idiota.





